Animalista convencido

Diario de un animalista convencido, defensor de los derechos de los animales y para su desgracia declarado "Persona non grata en la Ilustre Villa de Tordesillas"

"Barcelona manchada de sangre" Interesante artículo

fralokus | 16 Octubre, 2008 09:28

"Las sociedades modernas y democráticas han sabido hermanar el acceso universal a la educación con la prohibición de la crueldad contra los animales"

Uno de los espectáculos preferidos del rey Enric VIII de Inglaterra era el "bear-baiting" (traducido como "cebo con oso"). Este cruel entretenimiento consistía en atar un oso con cadenas -ya fuera sujetando el cuello o una pata- a un palo clavado en medio de una plaza y permitir a que un grupo de perros atacara el plantígrado hasta desangrarlo. Si bien este maltrato se convirtió en ilegal en Inglaterra en 1835 mediante la "Cruelty to Animales Act", el "bear-baiting" todavía disfruta de una cierta popularidad en zonas rurales del Pakistán (parte del Imperio Británico hasta el siglo XX).

Las sociedades modernas y democráticas han sabido hermanar el acceso universal a la educación con la prohibición de la crueldad contra los animales. En Cataluña, esta correlación se hizo evidente ahora hace tres años, cuando el Presidente del Parlamento de Cataluña, Ernest Benach, recibió 453.000 firmas contra la celebración de carreras de toros en Cataluña. Unos meses más tarde, la empresa demoscópica Gallup determinó que la falta de interés por este sanguinario ritual en Cataluña sobrepasaba el 80% de la población.

Cuando el año 2004, el Consejo Plenario del Ayuntamiento de Barcelona aprobó una declaración institucional para declararse contraria a las corridas de toros y a favor de los derechos de los animales, el Grupo Balañá, gestor de este negocio en la Monumental de Barcelona, temió que el Parlamento de Cataluña -perfectamente competente para abolir la tortura contra los toros- prohibiera definitivamente esta práctica en el Principado. No obstante, la absoluta incapacidad de los parlamentarios catalanes para aprobar una nueva ley impidiendo la crueldad contra los animales y la operación mediática organizada por una ruidosa minoría en Cataluña -incluyendo personajes como Salvador Sostres, Albert Boadella o Joan Manuel Serrat- permitió la pervivencia de este martirio entre nosotros.

La fotografía de esta semana de José Tomás, el verdugo madrileño, haciendo muestra de una bandera catalana manchada con sangre de toro para reivindicar las corridas de toros en Barcelona, fue un insulto inaceptable. Si bien todavía puede haber algunos catalanes que apoyan esta barbarie, es hora que el Parlamento de Cataluña recoja el sentimiento de una amplia mayoría de la población catalana y prohíba las corridas de toros. Nuestros parlamentarios ya llegan tarde.

Agustí Bordas i Cuscó es un catalán con pasaporte canadiense; desde hace ocho años, vive en Ottawa, Ontario, donde es consejero de políticas del Gobierno Federal Canadiense.

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